Normalmente la mujer embarazada tiene una imagen idílica del postparto: despertar junto a su bebé feliz, las tardes paseando con el cochecito disfrutando de las sonrisas, la lactancia perfecta, etc. Es que por más que te cuenten que los primeros meses son duros, que vas a dormir poco, una no termina de hacerse la idea y parece que en el embarazo tenemos un escudo defensivo que hace rebotar este tipo de comentarios (¡por suerte!).

Y como muchas cosas en esta vida, todo es cuestión de expectativas. Llega el bebé y aparece el “síndrome de supermujer” ya que, en la mayoría de ocasiones no solo atendemos las necesidades del bebé sino que además nos exigimos mucho a nosotras mismas, y nos convertimos en nuestro mayor juez. Recuperarnos bien, vernos bien, volver a tener el mismo peso que antes del embarazo, reintegrarnos al trabajo a los 3 meses… y más.

Existe una idealización de embarazo, del parto y de la maternidad. Y cuando alguna madre puérpera se queja, los comentarios del entorno son: “ay pero mira que divino bebé que tenes, no te podes quejar!”, lo cual hace aflorar además de todo una sensación de culpa irreparable. Afortunadamente el puerperio no refleja verdaderamente cómo es la experiencia de la maternidad porque en esa ecuación entran más variables además del bebé; las molestias tras el parto, el agotamiento, el dolor y la montaña rusa hormonal.

El postparto existe tanto en el plano físico como en el emocional. Y debemos ser conscientes de ello. Con mi primer hija me pasó todo esto tal cual y creo que a veces nos da miedo hablarlo incluso entre mujeres porque es donde nos sentimos más juzgadas. Hoy, a días del nacimiento de mi segunda bebé, mi expectativa es vivirlo como pueda. No exigirme tanto, permitirme no ser perfecta como madre ni como mujer.

Cuando empezamos con Momlab con mi hermana, tuvimos en claro que no queríamos que se convierta en un blog sobre maternidad, ya que no somos “nadie” para estar dándole consejos ni diciéndole a otras madres que es lo mejor o peor para sus hijos y qué deben hacer. Seguimos manteniendo esta postura. Cada madre intenta lo mejor para sus hijos, desde su amor más profundo de madre y cada decisión que toma (acertada o no) es desde ese amor y con la mejor intención.

Hoy lo que planteamos es sacarnos esa mochila de madre perfecta y mujer perfecta. De lo que mostramos y de lo que realmente sentimos. Formemos tribu, comunidad, intentemos no juzgar a la que está al lado porque cada una está peleando su batalla diaria. Sepamos pedir ayuda, callemos las opiniones del entorno que no aportan y disfrutemos del caos de la maternidad.